Se hace llamar "Duende", y así firma las poesías escritas a mano que reparte en fotocopias torcidas, toscamente decoradas con dibujos nerviosos hechos por él mismo, apenas un maremágnum de trazos entrelazados. Me lo encontré esta manaña, sobre las nueve, en plena Gran Vía. Llevaba un largo chaquetón de cuero más viejo que el mismo tiempo, y se tocaba con un peculiar sombrero de ala ancha, casi chambergo. Sus ojos brillaban vivaces bajo el ala del sombrero, dando un extraño fulgor juvenil al rostro envejecido, surcado de arrugas y poblado de barba canosa y desarreglada. Yo salía de una larga y cansada jornada laboral, y normalmente, lo confieso, no le hubiera hecho ni caso, no suelo dar limosnas en la calle. Sin embargo hubo algo en su entrada que ya me pareció distinto a los demás pedigüeños y llamó poderosamente mi atención: Su voz calmada, grave, suave pero firme, voz de quien ha pronunciado palabras en foros de más entidad que una acera desierta. "Sé que parezco loco -- me dijo -- porque hay que estar algo loco para estar un sábado a primera hora repartiendo poesía, pero en esta ciudad un loco más pasa desapercibido..." Esa voz me atrajo, me interesó lo bastante como para mirarle fijamente a los ojos y coger su poesía. Sin entrar en la calidad literaria ("India de piel aceituna / tu cuerpo maduro he cabalgado / por todas las praderas...") os aseguro que tiene una fuerza innegable, la misma fuerza de su personalidad arrolladora, a pesar de las circunstancias. "Prefiero dar poesía a ser el típico pesado de la puerta de la iglesia, que extiende una mano mientras sujeta un cartón de vino con la otra" Ah, ahí me ganó, lo reconozco, pero mi natural reticencia a dar limosna afloró en forma de frase irónica. "Pero la poesía es gratis, ¿no? No se puede dar a cambio de dinero..." Le contesté, y él sonrió tristemente, con la sonrisa cansada de quien está acostumbrado a oir a menudo el mismo argumento "La poesía es gratis, pero el poeta tiene que comer..." Vacié inmediatamente mi monedero y deposité el confuso montón de monedas y billetes en su mano. Él miró sorprendido el fruto de su trabajo, ponderando quizás mi exceso de entusiasmo como algo de lo que me arrepentiría más tarde. "Oye, lo que puedas, que cada uno tiene su necesidad..." "No -- le corté -- tú lo necesitas más que yo" "Gracias" dijo finalmente con mirada emocionada. Y marchó a repartir poesía, dejándome solo y pensativo en una Gran Vía desierta y desangelada.
Y ya metido en la cama no pude dejar de pensar en Diógenes, el filósofo mendigo de la Grecia clásica que comparte inicial y espíritu mendicante con el Duende poeta, en esa vieja anécdota de día que Diógenes, comiendo lentejas en un portal, se encontró con un cortesano rico y poderoso que paseaba por la calle. El cortesano le miró despectivamente y le dijo "Ah, Diógenes, si adularas más al Rey no tendrías que comer lentejas" A lo que Diógenes respondió airado "Y si tú te conformaras con lentejas, no tendrías que adular al Rey..." No, no voy a hacer un falso elogio de la mendicidad ni creer en fantasías de dorada bohemia callejera, no envidio la situación y circunstancias del Duende. Solo digo que, seguramente, él saborea (Entre muchísimos inconvenientes!), la ventaja de la verdadera libertad.
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ahhh.. esa es la vida de un artista, cuando uno tiene la pasion por el arte tanto literario como expresado en una obre de arte, aveces uno deja de pensar en si mismo para darselo a los demas y no nos importa quedarnos en la miseria por que nos sentimos orgullosos de nuestro trabajo y eso es lo que nos francamente nos llena, nos llena mas que un festin en la casa de un rey.
Respecto a tu comentario, tú si estás rematadamente chiflado!!! :P...
Acerca del post... a veces sí, uno no sabe si admirar a esta gente que vive prácticamente sin esperanza que es la única cosa a la que puedes aferrarte cuando no tienes nada o si detestarla por seguir por ahí medio viviendo, restregándote sus ganas de vivir cuando a veces tú no tienes ni siquiera eso... en fin, creo que hoy estoy existencial :(
Fantástico post. Y fantástico Diógenes, padre de una filosofía de vida que si bien hoy en día sería difícil de imitar sí marca una serie de pautas vitales que afloran lo mejor que escondemos dentro.
Del "Duende", qué voy a decir. hay una química especial en estos personajes asociales, con una fuerte carga romántica y como planteas de envidia hacia su actitud de libertad. En el caso de este personaje, con frases muy estudiadas("poesía gratis, pero el poeta debe comer") que ya quisieran para sí los demagogos de turno.
Sí, hay un sinfín de personajes cargados de necesidades y al mismo tiempo inquietudes que pueblan los rincones de las grandes ciudades y que son los que dan sentido al sinsentido de nuestras vidas. Estoy contigo en que no es cuestión de elogiar esa "mendicidad" pero sí la libertad que eso les otorga. Aunque sea a base de grandes penurias económicas.
Un saludo.
Hermosa fotografía, No Fate.
El personaje y tu relato me han recordado al protagonista de la última novela que he leído: "Hambre" de Knut Hamsun.
Con tu permiso me gustaría utilizar la fotografía para el post que estoy escribiendo sobre este libro. Por supuesto haré mención a tu blog.
Un saludo,